Son las 4:45 am. No encuentro el trankimazin y no amanece. Estoy siendo testigo de una de las tormentas más fuertes que he visto en mi vida. Qué curioso, pareciera que esta noche los elementos hubiesen decidido ser portavoces de mis sentimientos, como si la tormenta estuviese exteriorizando y trasmitiendo al mundo lo que yo llevo dentro.
Os preguntareis por qué os cuento todo esto ¿No? Pues bien, dadas las circunstancias he decidido hablar de cómo afecta el entorno a un TCA, por lo menos en mi caso.
No puedo hablar en profundidad ni de lo que sienten ni de las consecuencias de todo esto en una chica con anorexia o bulimia, porque afortunadamente no he padecido ninguna de las dos cosas, pero supongo que en términos generales será más o menos igual.
Padezco un TCA desde antes de tener uso de razón, pero, salvo socialmente hablando, nunca había sido demasiado “problemático”. Hasta que apareció en mi vida, hace un par de años, llamémosle, “El huracán L”.
El huracán L, como su propio nombre indica, arrasa allá donde va, destruye allá por donde pasa. Y yo no iba a ser la excepción. Hasta ese momento no sabía lo que era vomitar, lo que era estar 4 días sin comer absolutamente nada. De todos modos mis vómitos no son comparables a los vómitos de una chica bulímica. Yo no vomito como norma (Sólo cuando el huracán L hace de las suyas), ni con el mismo fin. Lo mío es más bien un vómito psicológico, vomito rabia, impotencia….. Y bueno, por supuesto, bilis.
Mis periodos de “inanición”, no sabría cómo explicarlo…. Son, como diría Aute, tímidos suicidios en ayunas.
Hoy, hace unas horas, el huracán L volvió a arrasarme… Y, tras dos semanas sin vomitar, lo volví a hacer. Es increíble lo que puede influir el entorno en un TCA. Y, muchas veces, los que deberían ser nuestros aliados son nuestros mayores enemigos (Consciente o inconscientemente) y ya no solamente tenemos que luchar contra el TCA, sino también contra las circunstancias.
¿La solución? Aprender a ser responsables. No solamente a ser responsables cuando todo está tranquilo, sino ser responsables cuando el mundo se derrumba. Aprender a separar.
Esta noche entre huracanes y tormentas mucho me temo que no pegaré ojo. No sé qué hacer con el huracán L, me temo que estoy enganchada a ella como el cocainómano a la cocaína y que, por lo tanto, no tardará en volver a hacer estragos en mí. Como diría Djuna Barnes; Me siento indefensa frente al acecho de la locura.
Por último, y medio parafraseando a Aute otra vez, un consejo: No dejes que tus jugos gástricos sean también víctimas de las circunstancias.